El estrés es una de las conductas emocionales más ampliamente estudiadas en psicología.

Sin embargo, existen diferentes tipos de estrés y una de ellos es el propiamente llamado estrés emocional.

Algunos autores, consideran que el estrés es siempre un estado psicopatológico del individuo, otros simplemente lo conciben en términos de impulso o activación, e incluso hay quienes consideran que el estrés es un rasgo de personalidad que viene genéticamente.

Lo cierto es que el estrés es una reacción que se produce ante determinados estímulos, que pueden o no ser aversivos y que por lo general actúa de una forma adaptativa. El hecho de poderse adaptar más o menos, hace las diferentes categorías o tipos de estrés.

El estrés no es forzosamente o determinantemente un fenómeno negativo, por el contrario en muchas ocasiones es un proceso normal de nuestro organismo y que conlleva a diferentes sensaciones que llevan a la madurez y otras superaciones.

Por ejemplo, el sujeto responde ante el claxon o bocina de un coche, con una respuesta de estrés (aceleración de la frecuencia cardíaca, agitación respiratoria, etc.).

La respuesta depende de muchos factores tales como si el sujeto es del mismo lugar, si soporta presión o, el estado personal que esté atravezando, pero en este caso, esa respuesta no es necesariamente des adaptativa ó patológica.

Respuestas ante el estrés emocional

Ante una situación de posible alarma como ésta, en la que el sujeto tiene que responder de inmediato, es probable que se activen una serie de sistemas de nuestro organismo que originan entre otras cosas, incrementos de adrenalina en sangre, aumento de la secreción de sudor por las glándulas sudoríparas, aumento de la frecuencia cardíaca (número de latidos por minuto), y del gasto cardíaco (volumen de sangre que los ventrículos expulsan en cada latido), entre otros.





De esta forma, llega a los tejidos más cantidad de sangre, a consecuencia de lo cual, el sujeto se activa y el organismo es más capaz de responder de una forma rápida y eficaz.

Sin embargo, el estrés no siempre actúa de una forma adaptativa. Cuando estas medidas se mantienen elevadas por tiempos muy prolongados, o cuando estos incrementos se dan con una cierta frecuencia, entonces es cuando puede aparecer el riesgo de desarrollar determinadas enfermedades psicosomáticas.

El estrés emocional puede llegar a empeorar

El estrés puede llegar a ser nocivo para las personas, no sólo por su intensidad, o su frecuencia, sino también por su ausencia o disminución, ya que un cierto grado de activación es imprescindible para mantener nuestro organismo en estado de alerta.

Este tipo de estrés a veces se presenta como una merma en las facultades físicas e intelectuales, fatiga, etc. y generalmente lo definimos como “estar cansado de no hacer nada”.

Ocurre esto cuando se realizan trabajos excesivamente rutinarios o automáticos, o en unas vacaciones excesivamente tranquilas si el ritmo de vida anterior era muy ajetreado.

Por lo que siempre se debe practicar las pausas activas dentro de las horas laborales así como practicar ejercicios y salir de la rutina constantemente.

En el estado de sub estimulación se puede terminar por convertirse también en un estado de auténtico estrés que lleva aparejado el riesgo de alteraciones psicológicas o psicosomáticas.

Estrés emocional y estrés físico

El estrés emocional generalmente ocurre en situaciones consideradas difíciles o inmanejables y diferentes personas perciben diferentes situaciones como estresantes. Para otras personas las mismas situaciones pueden ser normales y hasta fáciles.








El estrés físico se refiere a la reacción física del cuerpo a diversos elementos desencadenantes, como por ejemplo el dolor que se siente después de una cirugía.

El estrés físico a menudo lleva al estrés emocional y este último a menudo se presenta como una molestia física (por ejemplo, cólicos estomacales).

El manejo del estrés implica controlar y reducir la tensión que ocurre en situaciones estresantes, haciendo cambios emocionales y físicos. El grado de estrés y el deseo de cambiar determinarán el nivel de cambio que tiene lugar.

La actitud de un individuo puede influir para que una situación o una emoción sea estresante o no. Una persona con una actitud negativa a menudo reportará más estrés de lo que haría una persona con una actitud positiva.

Combatir el estrés físico

Una dieta deficiente pone al cuerpo en un estado de estrés físico y debilita el sistema inmunitario. Como resultado, adicionalmente a trastornos nerviosos y psicológico, la persona puede ser más susceptible a infecciones.

Una mala dieta puede significar la elección de alimentos poco saludables, consumo insuficiente de alimentos o no comer a horas regulares, lo cual puede llevar a que la persona no obtenga los nutrientes suficientes.

Esta forma de estrés físico también disminuye la capacidad para hacerle frente al estrés emocional, dado que el hecho de no obtener la nutrición adecuada afecta la forma como el cerebro procesa la información.

Consecuencias del estrés

Existen multitud de estudios, así como evidencia clínica suficiente, que demuestra cómo determinadas situaciones de estrés pueden provocar el desarrollo de determinadas enfermedades como por ejemplo úlceras duodenales, cefaleas tensionales, hipertensión esencial, etc.

Las consecuencias del estrés pueden ser múltiples y muy variadas, dependiendo de la persona, la situación de estrés, el estilo de afrontamiento a la situación, etc.

Generalmente ante cualquier situación de estrés se producen una serie de cambios fisiológicos, tales como aumentos en la frecuencia cardíaca, tensión arterial, sudoración, etc.

Este tipo de respuestas forman parte de un proceso normal que ocurre en todos los sujetos ante determinados estímulos y que se denomina reactividad.

Es importante distinguir entre dos tipos distintos de sujetos, ambos víctimas del estrés, pero diferentes en cuanto a la forma de responder ante las situaciones: los sujetos reactores persistentes y los hiperreactores.

Los sujetos reactores persistentes, son aquellos que responden con una reactividad que persiste en el tiempo de una forma patológica. Es decir, estas personas, responden elevando sus medidas fisiológicas con una gran frecuencia, y además son capaces de mantenerlas elevadas por tiempos muy prolongados.

Son los típicos sujetos que por ejemplo, si van conduciendo y alguien realiza ante ellos una maniobra peligrosa, desarrollan una conducta de enfado exagerado, lo cual en principio parece lógico, pero ese comportamiento es reincidente y duradero, prolongándose durante un tiempo excesivo.

La probabilidad de que se desarrolle un trastorno aumentará, además, cuando la respuesta de activación se haga más estereotipada, es decir, cuando ante la situación estresante, el sujeto siempre presente incrementada una variable fisiológica concreta.

Por ejemplo, un sujeto que ante una situación de estrés, siempre responde con aumento de la tensión muscular del abdomen, tiene más probabilidades de desarrollar una úlcera o trastornos gástricos.

El otro tipo de sujetos, también víctimas del estrés, son los llamados hiperreactores. Estos sujetos responden ante determinadas situaciones de estrés, con considerables incrementos en la activación de gran parte de las medidas fisiológicas, pero de una forma metabólicamente excesiva.

Cuando ocurre esto es cuando se favorece la posibilidad de desarrollar las llamadas enfermedades psicosomáticas, tales como dolores de cabeza, de cuello, úlceras de estómago, hipertensión, y muchas otras.

Son muchas las situaciones ambientales que pueden ser causa de nuestro estrés, pero dado que no podemos cambiar la sociedad, ni podemos escondernos dentro de una burbuja, debemos encontrar una solución en nosotros mismos e intentar enfrentarnos a las situaciones de una forma distinta y más adaptativa.

“La alegría y la tristeza son accidentes del alma, el cuerpo se robustece con la alegría y enflaquece con la tristeza” Henri de Mondaville.

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