Tras largos años de investigaciones y estudios, la ciencia ha encontrado vacunas que protegen eficazmente contra varias enfermedades infecciosas de las que pueden atacar al niño.

Como su eficacia está bien demostrada y son inofensivas, se recomienda mucho aplicarlas, e incluso los gobiernos de casi todos los países las han declarado obligatorias.

Sin embargo, existen diversos movimientos en contra de la vacunación, los mismos que propician una vida más natural. Pero, es innegable el avance que existe en contra de las enfermedades y epidemias que cobraban miles de vidas y producían diversos tipos de invalidez. Si se trata de ponerlos en una balanza o ver cual es el mal menor, sin duda, que la vacunación es mejor opción.

Otra de las teorías es que las vacunas producirían otros tipos de enfermedades, lo cual está en investigación y lo más probable que den lugar a más vacunas. Hasta dónde vamos a parar, no se sabe, pero la ciencia es primordial en estos nuevos tiempos.

Las vacunas son preparadas de microbios muertos o hechos inofensivos, a fin de que no puedan provocar la enfermedad, pero en cambio conservan la propiedad de estimular la defensa del cuerpo y hacer que produzca substancias protectoras (anticuerpos) que hacen que la persona ya no pueda enfermar de aquella enfermedad.





En su fundamento las vacunas se asemejan a los procedimientos de la medicina natural, que también tiene por objeto aumentar las defensas.

La diferencia está en que las vacunas sólo protegen contra las enfermedades respectivas, mientras que los tratamientos naturales aumentan las defensas contra todas las enfermedades.

Vacunas contra las enfermedades

Las más importantes de estas vacunas que pueden proteger a tu hijo son las siguientes:

Vacunación contra la viruela: como ya sabrás, la viruela era muy frecuente antes de existir la vacuna.

Hoy día, en cambio, casi ha desaparecido. Es una enfermedad muy importante, pues además de ser grave, deja cicatrices que afean la cara, lo que sobre todo tiene importancia tratándose de una niña, pues para toda su vida quedará con aquel defecto que perjudicará la belleza de su rostro.

La época más adecuada para vacunar a tu hijo contra la viruela es entre los 3 y 6 meses, si no hay ningún motivo que aconseje retrasarla, como son los siguientes:

Que el niño esté enfermo de lo que sea: fiebre, catarro, falta de apetito muy marcada, erupciones de la piel, granos, etc. También si hace mucho calor o le están saliendo dientes.








Hay que guardar, pues, a que hayan desaparecido estos trastornos.

La mejor época es en primavera o en otoño.

La vacuna se puede aplicar en un brazo, en un pie, o en un muslo (esto último suele hacerse en las niñas, para evitar que la cicatriz sea tan visible).

La vacuna se cubre con una gasa estéril y un esparadrapo para evitar que el niño se rasque cuando empieza a picarle (lo que podría hacer que se infectase), se le pueden poner en los codos unos cartoncitos gruesos o unas tablillas que se sujetan mediante una venda.

De este modo, como el niño no puede doblar los brazos, les es imposible rascarse el lugar de la vacuna.

Si la vacuna prende, a los 4 ó 6 días se produce un enrojecimiento, que luego se transforma en una pequeña ampolla, que dura unos días y luego empieza a secarse hasta que se transforma en una costra que termina por desprenderse dejando una señal para toda la vida.

Al cabo de unos 8 días de haberle aplicado suele haber fiebre  de 38 a 40 grados, que dura 2 o 3 días. Durante la fiebre sólo se le dará el pecho, suprimiendo los alimentos complementarios. Fuera de los días de fiebre podrá alimentarse como venía haciendo.

Si la vacuna no prende no se presenta los signos que hemos indicado. En tal caso, dos tres meses después conviene volver a vacunar al niño.

Con motivo de la vacuna, el niño puede perder el apetito e incluso perder algo de peso. Esto no debe preocuparte, pues estos trastornos son pasajeros y duran pocos días.

Desde que lo han vacunado hasta que la costra se deprende y deje la piel sana, no debes bañar a tu hijo. En conjunto esto suele durar un mes. Al bañarlo podría infectarse la vacuna o extenderse a otras partes del cuerpo, lo que hay que evitar.

Claro está que, aunque no lo bañes de cuerpo entero, puedes lavarlo con una esponja, agua templada y jabón, teniendo cuidado de no tocar el lugar de la vacuna.

La eficacia de esta vacuna dura aproximadamente de 5 a 7 años, o sea que durante este tiempo tu hijo no puede enfermar de viruela.

A los 5 ó 6 años de edad debes volver a vacunarlo contra la viruela. Es lo que se llama la revacunación pre- escolar, que es obligatoria.

Vacunación contra la difteria: La edad más apropiada para aplicarla es de un año a un año y medio. En todo caso el medico te indicará la época más oportuna.

La estación del año mejor para dar esta vacuna es la primavera, pero también puede darse en otoño, y en caso de necesidad en cualquier otra época.

La mejor hora es por la tarde, cuando hayan pasado 4 horas de la última comida, que habrá sido ligera. Luego le costarás y como cena le darás una sopa y leche o zumo de frutas.

Al día siguiente, cuando se despierte, le pondrás el termómetro y si pasa de 37 grados le tendrás en cama y le darás una alimentación ligera. Si no llega a los 37 grados podrá levantarse, pero no saldrá de casa.

En esta vacuna, como en la de la viruela, para aplicarla es indispensable que el niño se encuentre sano. Si está indispuesto conviene esperar a que se encuentre bien.

Vacunación contra el tifus (fiebre tifoidea).- También es muy conveniente, porque se trata de una enfermedad muy importante. La edad más conveniente para aplicarla es entre los 2 y los 3 años. La época mejor, la primavera o el otoño. Se aplica en 3 inyecciones, con una semana de separación entre ellas.

Luego, cada año, en la misma fecha aproximadamente, puede repetirse una inyección, con lo que se conserva el efecto de las vacuna hasta el año siguiente.
Esta vacuna puede dar fiebre, en cuyo caso se seguirán losa mismo consejos que hemos dado anteriormente para la vacunación contra la difteria, cuando está produce fiebre.

Vacunas importantes

Entre las vacunas recientemente descubiertas, ninguna ha causado tan profunda impresión en todo el mundo como la de la parálisis infantil (poliomielitis), lo cual se comprende si se tiene en cuentan los estragos que dicha enfermedad ha causado en muchos países y especialmente en Norteamérica.

El mérito de este gran descubrimiento se debe al sabio norteamericano Salk. El accidente que tuvo lugar al principio de una aplicación y que produjo una enfermedad en algunos miles de niños vacunados, fue debido a la contaminación de la vacuna por virus vivos, pero ella nada tiene que ver con su eficacia, que hoy está plenamente demostrada.

Esta vacunación puede, pues aplicarse con toda tranquilidad y seguridad de que ayuda a evitar la enfermedad. El medico indicará la época más adecuada para aplicarla.

Existe también una vacuna contra la tos ferina. No creemos que sea muy necesaria, dado que la tos ferina no suele ser una enfermedad grave. Pero como puede administrarse junto con otras (por ejemplo, con la difteria), por eso la citamos. Si no previene con absoluta seguridad, la enfermedad, caso de presentarse, es más suave.

Igual puede hacerse con la vacuna del tétanos, que, sin ser indispensable, es conveniente en la infancia por la propensión de los niños a hacerse heridas y rasguños. Puede administrarse junto con la de la difteria y la de la tos ferina (vacunas asociadas).

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