Quienes piensan que estar en Norteamérica es facilitarse las cosas, pues, depende del esfuerzo que le pongas.

Al pensar en Norteamérica enseguida acuden unas imágenes tópicas: indios, cow-boys, Hollywood, Disneylandia, Nueva York, Manhattan, rascacielos, ciudades gigantescas, inmensas llanuras, cultivos extensos, enormes autopistas que atraviesan todo el país.

Para muchos, visitar América es sentirse en un país extraño. Equivale a descubrir un modo de vida totalmente diferente, donde todo parece posible, donde hasta un pequeño inmigrante puede convertirse en un millonario.

Desde el archipiélago tropical de Hawai (Estado norteamericano desde 1958) hasta la lejana y fría Alaska (Estado norteamericano desde 1959) Estados Unidos ofrece una variedad extraordinaria de paisajes, climas y mentalidades.

Pero América del Norte no se limita a Estados Unidos: es también Canadá, el segundo país más extenso del mundo.

Envergadura y dimensión de América del Norte

El continente norteamericano, anglófono en su mayoría, comprende también importantes minorías francófonas (Sobre en todo en Quebec) y españolas (en el sur de Estados Unidos). (México que geográficamente forma parte de América del Norte)

América del Norte es la inmensidad. He aquí algunas muestras de ello: Nueva York, en la costa oriental y bañada por el océano Atlántico, se encuentra a medio camino entre París y la costa occidental de Estados Unidos, la costa del océano Pacífico. Se necesita tanto tiempo para ir en avión de París a Nueva York como para ir de Nueva York a Los Ángeles.





Un tren moderno tarda cuarenta y ocho horas en atravesar el territorio de Estados Unidos, y unas setenta de ir de Montreal a Vancouver, en Canadá.

Pero América es también diversidad y poder, diversidad de los paisajes y de los hombres, poder de la naturaleza y de la economía. No hace mucho tiempo todavía, la naturaleza de aquel continente presentaba numerosos peligros a quien se aventuraba a descubrirla.

En su conjunto, sin ser completamente hostiles al hombre, Canadá y Estados Unidos son países rudos. Quienes tuvieron que movilizar los recursos y organizar el espacio, cuando la colonización, hubieron de enfrentarse con un verdadero desafío de la naturaleza.

La variedad del relieve y de los climas permite cultivar toda clase de productos. Esto es verdad especialmente en Estados Unidos, donde prosperan tanto los productos tropicales (Florida) y mediterráneos (California) como los productos tradicionales de las zonas templadas y frías (grandes cultivos cerealistas, por ejemplo).

Adicionalmente, los países exploradores de otros mundos ya sea en este planeta o en el sistema solar,  escasean, USA mantiene aún sus programas de inversiones en investigaciones en otros planetas y en el nuestro, que debería ser una convergencia mundial ya que no está muy lejos el día en que los recursos del planeta Tierra se agoten.








Asimismo, los norteamericanos son líderes en la democracia en el mundo aun cuando ellos tampoco la tienen perfecta, pero, tratan de perfeccionarla, frente a unos pocos países que se resisten a permanecer en dictaduras o dominaciones religiosas. En todo caso, la perfección no existe nada más como concepto.

Productos de los climas en norteamérica

En cuanto a los productos de los climas desérticos o subtropicales secos y húmedos (algodón, caña de azúcar, arroz) se cultivan en Arizona, Nuevo México, Texas o en Luisiana.

Las riquezas del subsuelo son aún más impresionantes. Los recursos en carbón son colosales, y desde la crisis del petróleo se le da cada vez más importancia.

Los yacimientos de petróleo y de gas natural son menos abundantes, pero aseguran a Estados Unidos y a Canadá grandes reservas energéticas.

Por otra parte, estos dos países constituyen una reserva fabulosa de minerales industriales, ferrosos o no (cobre, plomo, zinc).

Comprender el milagro norteamericano

Para comprender las razones que han hecho de Norteamérica la mayor potencia industrial, comercial y financiera de todos los tiempos es preciso insistir en un factor realmente decisivo: el de ser un continente nuevo, donde todo podía ser inventado o probado otra vez.

En efecto Europa la revolución industrial se realizó en países poblados desde hacía siglos y dotados de muy antiguas estructuras económicas y sociales; la herencia de este largo pasado constituyó, a menudo, un freno.

En cambio, en este inmenso continente norteamericano, todavía virgen en algunos campos, la renovación completa de las estructuras y de las mentalidades fue mucho más fácil.

Hija de Europa, América del Norte pudo aprovecharse además desde un principio, del desarrollo tecnológico agrícola e industrial, del dinamismo del pensamiento científico y filosófico del viejo continente. Sin ser obstaculizada por su pasado, pudo aplicar sistemáticamente y en una vasta escala los olvidados de la properidad.

¿Es todo, pues perfecto en América del Norte? ¿Acaso el sueño norteamericano se ha hecho realidad para toda la población y en todo el conjunto del territorio?.

En realidad, existen todavía muchas zonas de sombra en Estados Unidos y Canadá. La población y la prosperidad están desigualmente repartidas.

Las zonas marginales y las regiones agrícolas conocen desde hace varios años un malestar crónico. Incluso en las ciudades y metrópolis, la miseria está presente al lado de la audacia y pretensión de los rascacielos. Y esta miseria se agrava cuando se mezclan problemas raciales.

La pobreza y diversos problemas atañe sobre todo a las personas inmigrantes de sus vecinos de América toda, como en muchos otros países.

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