El turismo, conocer lugares, hospedarse en hoteles, todo un mundo que los viajes propician a toda edad.

Cuando las personas de la tercera edad van a viajar es necesario que se tenga en cuenta diversos factores sobretodo en el aspecto físico.

En la conducción del automóvil el ritmo cardíaco aumenta, así como la presión arterial. Si no es posible evita conducir, sino se sugiere hacerlo.

1.- Lenta y relajadamente y evadiendo  los trayectos largos, sobre todo cuando haya  bastante  calor.

2.- En caso de desazón o de crisis dolorosa, se debe ceder el volante a otra persona  e ir lo antes posible donde  médico.

3.- Evita conducir con niebla o nieve, así como por carreteras heladas o peligrosas de montaña.

4.- Si, hay avería, se debe evitar empujar el coche.

Viajar en avión

El  viaje por avión es la forma más cómoda de viajar para todas las edades. Para el anciano que realice resulta el menos cansado. Sin embargo también tiene algunos inconvenientes:

1.- Las  largas  esperas en el aeropuerto son tediosas e incomodas,  , y el paso por aduana y las meticulosas formalidades burocráticas en algunas fronteras originan estados de ansiedad.

2.- Otra origen del agotamiento es el cambio de uso horario, el vuelo en sí mismo se tolera, ya que una correcta presurización evita la hipoxia (falta de oxígeno) por depresión atmosférica.

3.- En el caso de presentarse  accidentes y  complicaciones, son secundarios, es  la ansiedad, la que  provoca aumento de las frecuencias cardíaca y respiratoria.





Entre las manifestaciones  negativas se debe de tener en cuenta posibles crisis de angina de pecho, los trastornos del ritmo cardíaco y las flebitis por inmovilidad prolongada en posición sentada durante los vuelos intercontinentales.

Por ello las personas con insuficiencia cardíaca y  varices : levantarse y estirar las piernas cada hora en vuelos muy largos.

Si el viajero está  afectado por enfermedades coronarias: tomar si es necesario, en el momento del despegue, un ansiolítico ligero y, sobre todo un fármaco vasodilatador.

Las personas con insuficiencia respiratoria: no deben dudar en  utilizar la máscara de oxígeno.

Tercera edad y viajes

Los  cruceros en barco son, sin duda una de las formas  de vacaciones más tranquilas y descansadas que puede aconsejarse a una persona anciana o de la tercera edad.

Las limitaciones pueden depender de las localidades de destino muy cálidas o muy frías y por los vientos.

Los grandes y  modernos barcos  están equipados no sólo con eficaces sistemas de acondicionamiento, sino también con un servicio sanitario, excelente muy competente  para  hacer frente a casi todas las urgencias médicas incluyendo cirugías.

Como regla general, el ejercicio físico que puede proponerse es el que en condiciones normales, es bien tolerado por la persona anciana, considerando  las eventuales enfermedades o los trastornos que pueda sufrir (cardiopatía, hipertensión arterial, insuficiencia respiratoria, etc).

El adulto mayor debe darse  cuenta de que, durante su viaje turístico, estará sujeto a una serie de cambios temporales y bruscos, de  costumbres y de su forma de vida; habrá  el riesgo de dejarse llevar por tentaciones que pueden llevarle a realizar  esfuerzos inusuales.

En condiciones climáticas aceptables, pueden realizarse sin restricciones marchas y excursiones a pie, estando definitivamente prohibidas las escaladas por el monte y las excursiones cansadas. Por el contrario  se permiten los baños en la piscina o en el mar y también la práctica de la bicicleta y del esquí, sin esfuerzo.








Finalmente es conveniente que la persona mayor que realice un viaje al extranjero se asesore y suscriba un buen seguro, que prevea también la asistencia médica, la eventual hospitalización y, en caso de extrema necesidad, la repatriación.

Los climas templados no tienen contraindicaciones. Sin embargo, por las variaciones climáticas estacionales se debe aconsejar el clima suave del campo y hacer desistir, de la montaña en invierno y la playa en pleno verano. Es habitual que las personas ancianas no soporten la lluvia y el viento.

Cuando el viajante se traslada al extranjero, lejos de su casa y de su lugar de residencia, se muestra más vulnerable. Por ello se le aconseja el alojamiento en ambientes cómodos y bien equipados.

Conocido es que las bruscas variaciones de presión atmosférica determinan aumento de los casos de infarto de miocardio, y lo mismo puede decirse de las variaciones de temperatura, tanto por exceso como por defecto.

Los temporales y una fuerte humedad pueden también son  mal tolerados; la montaña presenta por su parte, otros inconvenientes: frío y altura incrementan sus efectos nocivos. El frío se aguanta mal y contrariamente a lo que se suele pensar, las grandes altitudes plantean problemas sólo a cotas superiores a los 2.000 metros.

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