En los casos en que las personas son incapaces para mover un brazo, una pierna o también la dificultad para pronunciar algunas palabras; estos son síntomas de una apoplejía o derrame cerebral.

El término derrame cerebral es un término cómun que es realmente un accidente cerebro vascular o apoplejía y médicamente se le conoce de dicho modo.

La apoplejía o derrame cerebral es uno de los principales motivos de discapacidad y de muerte en todo el mundo. Mucho de su causa es el vivir a sobresaltos e intranquilidad, por lo que para prevenirla, la tranquilidad no tiene precio.

La apoplejía es un transtorno del fluido sanguíneo, en el cual se rompen algunos de los vasos y se produce una obstrucción hacia las arterias cerebrales, debido a un coágulo procedente de otra parte del cuerpo, que interrumpen su normal funcionamiento.

Se presenta con más frecuencia en personas cuyas arterias se encuentran deterioradas, ya sea por la edad o por la presión arterial alta. Los médicos indican que la edad tiende a elevar la presión y producir cambios degenerativos en las arterias.

Es por ello que, cuanto más se logre prolongar la vida de los ancianos, resulta más elevado el índice de afectados por apoplejía, hasta el punto de ser una de las principales causas de muerte.

Tipos de apoplejía

Se sabe que la apoplejía es cuando el cerebro se ve privado de oxígeno, entre sus principales tipos son:

Derrame isquémico: Provocado por una obstrucción arterial. Los subtipos más frecuentes son los siguientes:





  • Derrame trombótico: Se forma un trombo en una arteria del cerebro, posiblemente a la una acumulación de grasas.
  • Derrame embólico: Es la obstrucción a causa de coágulos sanguíneos que se forman en otras partes del cuerpo y se encaminan hacia el cerebro.
  • Derrame hemorrágico: Este tipo de derrame cerebral consiste en la ruptura de una arteria en el cerebro o en su superficie. Dichas rupturas pueden ser causadas por un aneurisma o por una malformación del sistema vascular del cerebro.

Síntomas de la apoplejía

Las señales de alerta de una apoplejía se manifiestan en la aparición intermitente de los siguientes síntomas:

  • Repentino endurecimiento facial, de brazos o piernas.
  •  Pérdida de la visión.
  • Dolor de cabeza.
  • Problemas al momento de hablar.
  • Mareos.

Si se presentan dos o más de estos síntomas a la vez, hay mayores posibilidades de tener un derrame cerebral. Es fundamental aprender a reconocerlos y, de ser posible, avisar cuándo comienzan a manifestarse. Aunque no causen dolor alguno y desaparezcan rápidamente, son pistas claras de que se ha sufrido un derrame, o de que se sufrirá en el corto plazo.

Este peligroso mal suele darse en personas adultas, pero también en los jóvenes. Y para quienes desconocen sus consecuencias, este tipo de alteraciones producen el mismo efecto que una hemorragia, es decir, origina un bloqueo total de la corriente sanguínea en el cerebro, dejando al paciente con una parálisis parcial.

Por lo general este transtorno daña el área del cerebro que controla las emociones. Además se produce un habla monótona y produce la incapacidad completa o total de comprender las emociones de los demás.








Otras de las consecuencias de la apoplejía son los alteraciones de humor repentinos, ataques de risa o alegría, llanto, gran tristeza y recelo a los que lo rodean.

Para los familiares del paciente es un gran reto atenderlo y protegerlo pero estos deben entender que para la persona con apoplejía también es un gran desafío aceptar sus condiciones y notar que ya no puede hacer lo mismo que antes.

Este impase funcional del fluido sanguíneo suele presentarse de varias maneras. Cuando se trata de personas de avanzada edad, sobreviene durante el sueño nocturno regular, aparentemente sin causa externa. En los jóvenes, aparece ligada a una crisis emocional, intenso esfuerzo repentino o una tensión aguda.

Al ocurrir esto, la víctima puede sufrir súbitamente un colapso, sin ningún aviso previo de anormalidad. Una consecuencia típica es la parálisis parcial, lo cual se da en forma muy independiente del modo como se produce el ataque.

Algunos suelen relacionarlo con la embolia, transtorno sanguíneo que puede producirse y afectar cualquier órgano, pero la apoplejía en sí, es la abolición del funcionamiento cerebral que se da por una ruptura o bloqueo de alguna arteria a nivel de la médula interna del cráneo.

Cuando ocurre esto, la persona es propensa  a la pérdida del conocimiento y parálisis parcial del cuerpo. A veces este transtorno es temporal y el afectado logra recuperarse después de un adecuado tratamiento. Sin embargo, el paciente no debe ser atendido con brusquedad y sacudidas.

Tratamiento de la apoplejía

La tranquilidad, la armonía, el mejorar el carácter, así como alejar todos los elementos perturbadores será lo mejor para el tratamiento.

Alejarse de los problemas, darle solución a los conflictos emocionales, salir de vacaciones, mejorar la alimentación, salir al campo, aprender a respirar mejor, en suma: vivir bien.

Cuando una persona  presenta un derrame cerebral, es preciso hospitalizarla para identificar la causa y el tipo de derrame sufrido, tratarlo y prevenir posibles complicaciones. Es posible que el especialista de la salud, además de administrarle medicamentos, pueda operar al paciente.

Una vez que el sobreviviente de apoplejía se encuentra estable, se inicia el proceso de rehabilitación. La rehabilitación no es una cura definitiva, sino que apunta a reducir el daño permanente y a mejorar la adaptación del paciente.

Puede requerir que el paciente tenga que volver a capacitarse, de manera intensiva, en lo que respecta a la movilidad, el equilibrio, la percepción espacial y corporal, el control de esfínteres, etc.

El organismo debidamente cuidado tiende a corregir el daño y restaurar la capacidad de movimiento, pérdida por causas simples. Pero una persona tullida o por ataque de apoplejía puede ser rehabilitada en la mayoría de los casos, si es que recibe un tratamiento adecuado y oportuno.

Al paciente se le atiende cuidadosamente, sin brusquedad ni sacudidas. Se le procura cambiar, cada cierto tiempo de posición para prevenir la formación de úlceras por decúbito. También se debe cuidar mucho la higiene para evitar cualquier tipo de complicaciones.

Es bueno recordar que el paciente no está solo, la rehabilitación puede ser un largo proceso, lento y a veces con caídas. Cada persona recorre un camino diferente para su recuperación. Durante el proceso de recuperación, se ha de concentrar en los progresos del enfermo y no en sus limitaciones.

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