La piel no es sólo una membrana que cubre y protege el cuerpo. También es un órgano sistema, es decir, el hogar de organizaciones vivientes como los hongos, las bacterias y los parásitos.

Precisamente, en el verano la transpiración ayuda a que el frágil equilibrio de este sistema se rompa provocando la enfermedad.

Aunque tú no lo creas, millones de microorganismos viven en nuestra piel. Esta es su hábitat natural y la barrera que impide su ingreso a nuestro organismo. Pero dicha barrera es semipermeable porque deja salir el sudor y las toxinas.

La humedad es el medio ideal para que se desarrollen los hongos, aseguran los especialistas. El calor provoca traspirar mucho más y que los poros se abran, propiciando el ingreso de elementos contaminados. Los parásitos infestan, los hongos infectan y la piel se enferma.

Tipos de hongos

Al ser humano lo afectan dos tipos de hongos. El filariforme, que origina unas “escarapelas” de bordes rojos sobre la piel, amarillea las uñas, las torna quebradizas y opaca el cabello; y el levaduriforme, que forma “lagunas” blanquecinas” en la piel y en las uñas, produciendo escozor y ardor.

Los pies son más sensibles al ataque de los hongos porque están en la mayor parte del día en los zapatos, que son ambientes cerrados, oscuros y húmedos.

Los pliegues de la piel- axilas e ingle- son otras zonas delicadas. La cabeza es atacada por la tiña capitis, y tanto la espalda como los brazos y las piernas sufren de la agresión de la tiña corporis.

Pero los microorganismos actúan en el momento que las defensas generales del cuepro están débiles. También cuando las condiciones de humedad y temperatura le son favorables y por la falta de higiene. Hay que agregar que una alimentación deficiente en vitaminas A, C y K reduce nuestras defensas.

Los especialistas sugieren que los enfermos deben evitar rascarse, ya que las uñas son el mejor vehículo para que los hongos se trasladen de un lugar a otro. El contacto con duchas y toallas ajenas deben restringirse.

Los hongos son verdaderas amenazas en el verano. Pueden vivir en la tierra, en la arena, en los pisos de los baños, duchas, piscinas sucias y en la piel humana, por eso mismo la mayoría de contagios se producen de manera interpersonal.

Pero no porque un miembro de la familia tenga hongos, todos los van a tener. A pesar de que se expongan al contagio, si tienen una buena capacidad defensiva, los demás no se contagiarán.

Y es que la piel cuenta con mecanismo de defensa como el manto ácido y la grasa, que previene la acción de estos organismos patógenos.





Sólo cuando se rompe el equilibrio natural de esa capa protectora se produce una infección o micosis. La higiene exagerada o deficitaria, el calor o la humedad favorecen las infecciones, sobre todo en los pliegues de la piel y entre los dedos.

Las enfermedades se reconocen por rasgos muy particulares. Cuando está comprometido el cuero cabelludo- casos de niños, fundamentalmente deja zonas peladas en la cabeza, ya que el hongo parasita la raíz del pelo. En el caso de la piel lampiña, ésta se torna roja y se descama, formando grandes anillos.

En los que respecta a las uñas, por lo general, cambian de color y de forma, se tornan amarillas, más gruesas, más frágiles o se van desmoronando en las puntas. Y en muchos casos, la picazón y quemazón son molestias recurrentes.

Lógicamente, el tratamiento dependerá de la zona afectada y por el tiempo conveniente para acabar con los hongos.

La micosis

Las micosis son infecciones de la piel producidos por microorganismos conocidos como hongos.

Hay muchos tipos de hongos causantes de micosis, es decir pueden infectarnos la piel en cualquier región de nuestro cuerpo y pueden estar esperándonos en algunos de los sitios que frecuentamos diariamente.

La micosis más común es la tiña llamada también “pie de atleta”, por la frecuencia con que se daba en los deportistas. Sin embargo, los hongos pueden atacar también nuestras manos, brazos, cuero cabelludo, oídos, uñas, cuello, espalda, abdomen, boca, axilas, ingle y áreas genitales.

La mayoría de las micosis producen picazón muy molesta que en muchos casos alcanza desesperantes.








Algunas micosis no causan picazón ni dolor y se manifiestan por manchas en la piel. Los hongos en las uñas de las manos y de los pies pueden causar desgaste y hasta destrucción.

En caso de sospecha:

Acude al médico cuando observes estos síntomas: picazón, enrojecimiento de la piel, escamas, formación de ampollas.

El médico te examinará y te dirá si tienes o no, algún tipo de afección en tu piel.

En las infecciones por hongos suelen ser necesarios tratamientos locales de 2-3 semanas de duración o hasta 4 semanas si se trata de infecciones resistentes.

Asegúrate de seguir el tratamiento al pie de la letra y usar el medicamento todo el tiempo que tu médico te recomiende, incluso después de haber desaparecido los síntomas.

Remedios contra hongos

Busca una solución.- Remoja la zona afectada en una mezcla de dos cucharaditas de sl por medio litro de agua tibia. Haz esto de 5 a10 minutos cada vez y repite hasta que el problema desaparezca.

La solución salina ayuda a proporcionar una atmósfera desaagradable para el hongo y disminuye la sudoración excesiva. Más aún, suaviza la piel afectada, y por tanto los medicamentos fungicidas pueden penetrar más y actuar con mayor eficacia.

Pon atención a las uñas.- Las uñas son los sitios que los hongos prefieren para crecer. Por eso es aconsejable raspar las partes inferiores de las uñas al menos en días alternos cada dos días.

Asegúrate de utilizar un pedazo de palito de naranjo, mondadientes o fósforo de madera en vez de un artículo de metal, pues podría rayar las uñas y proporcionar nichos en los cuales se acumulen los hongos.

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