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La hora. Evolución del reloj.

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Se dice que el tiempo no espera a nadie y éste se interpreta a través del reloj. Mira su evolución.

Desde la antigüedad egipcia se ha usado el reloj de sol para saber la hora gracias al movimiento aparente del sol.

Consiste en una varilla que proyecta su sombra sobre una superficie en que se hallan señaladas las horas.
Para que las horas se desplace regularmente, la varilla tiene que ser paralela al eje de la tierra.

Las líneas marcadas en la superficie para señalar las horas han de tener menos separación en las horas del mediodía.

Con un aparato portátil como el que muestra el dibujo también se puede saber la hora. La sombra de la superficie vertical ha de ser proyectada sobre la superficie horizontal en la que se han marcado separaciones que indican las horas de las mañana o de la tarde, según la orientación del aparato.

Lógicamente, la sombra más corta corresponde al mediodía, porque el sol está más alto, y la más larga, a las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde, en las que el sol está en el horizonte.

Para poder saber con precisión qué día y hora es en un momento determinado, habido que recorrer un largo camino: ha sido preciso establecer un calendario acorde con las estaciones naturales, aprender a descifrar la hora que es por la posición del sol en el firmamento y a medirla con la ayuda de relojes cada día más exactos.

El reloj de sol

Los hombres prehistóricos no sabían determinar la hora. La sucesión de la luz y oscuridad marcaba el ritmo de su vida.

Al observar los cambios de posición del sol en el firmamento, los hombres se dieron cuenta de que las sombras de los objetos cambiaban de lugar y longitud a lo largo del día.

Gracias a esta observación nacieron en Egipto y babilonia los relojes del sol: consistían en una regla o un círculos graduados sobre los que se proyectaban la sombra de una varilla fija que indicaba la hora, varilla que recibe el nombre de gnomon.

Sin embargo, por la noche y en los días nublados, la varilla no proyectaba sombra alguna y por tanto no indicaba la hora. Así que pronto se pensó en otro sistema para medir el tiempo en todo momento. Y nació el reloj de agua o clepsidra: un recipiente de pared graduada y un orificio inferior por donde se vaciaba el agua.

Cuando salía el sol y cuando se ponía, llenaban el recipiente: esté se iba vaciando a lo largo del día y de la noche, y el nivel del agua al bajar iba coincidiendo con cada una de las doce divisiones marcadas en la pared indicando la hora.

Como el sistema se basaba en la división del día y de la noche en doce partes iguales, en verano, cuando los días son más largos que las noches, de día se hacía más pequeño el orificio de salida del agua para que el recipiente tardara más en vaciarse es decir, se alargaban las “horas” ; por las noches se abría un orificio mayor para que se vaciara más más deprisa, es decir, se acortaban las “horas”. En invierno se invertían el cambio de orificios.

Evolución del reloj

Para subsanar todas esas inexactitudes, poco a poco se fueron perfeccionando los relojes de agua hasta convertirlos en relojes automáticos.

En el siglo XIII se inventaron los primeros relojes mecánicos de esferas y agujas: consistían en un juego de ruedas dentadas, accionado por el peso de una piedra colgada de una cuerda, que comunicaba un avance regular a la rueda que hacía girar la aguja.

Pero estos grandes relojes medían el tiempo con mucha inexactitud. Lo mismo hay que decir de los primeros relojes de mano, fabricado en el siglo XVI, en la que los que la fuerza de un muelle en espiral ponía en funcionamiento el sistema de ruedas dentadas.

Fue en el siglo XVII cuando se descubrió el mecanismo para que los relojes tuvieran un movimiento regular. Ya galileo se había dado cuenta de la regularidad del movimiento pendular, observando el balanceo de una lámpara colgada del techo en la catedral de Pisa.

Inspirándose en las observaciones de este sabio italiano, en 1657, el holandés Huygens adapto el péndulo al mecanismo del reloj y construyó un modelo de relojes que aún hoy día se llaman de péndulo.

Este holandés también invento un balancín espiral con el que fabricó relojes de mano muy exactos, dotados de una aguja suplementaria para indicar los minutos.

Hoy día los relojes han alcanzado gran perfección. El reloj de cuarzo, por ejemplo, lleva un oscilador de cuarzo en vez del muelle espiral; sólo se adelanta o atrasa unos pocos segundos cada mes. Con los adelantos actuales se llega incluso a medir fracciones de tiempos inferiores a una millonésima de segundo.

Los primeros calendarios

Todos los calendarios, ideados para fijar la cronología de los hechos, se basan en tres divisiones fundamentales: el día, el año y el mes(de origen lunar) un buen calendario ha de basarse, ante todo, en la duración exacta del año solar, que se determina observando la posición de las estrellas en el firmamento, conocida actualmente con gran precisión.

Los sumerios establecieron, hace 5,000 años, el primer calendario conocido. Se basaba en el mes lunar o lunación, es decir, en el tiempo que hay entre el comienzo de dos lunas nuevas consecutivas, que es algo más de 29 días (exactamente: 29 días, 12 horas y 44 minutos). Por tanto, el año formado por 12 meses que se componían de 29 o 30 días, alternativamente, era demasiado corto: sólo tenía 354 días.

Pronto se vio que este calendario no iba acorde con el paso de las estaciones. Por ejemplo, al cabo de 8 años, cuando el calendario era marzo estaba comenzando todavía la estación invernal. Para que el calendario siguiera siendo válido, de vez en cuando había que “ponerlo al día” añadiendo un decimotercer mes.

Los egipcios basaron su calendario en el curso del sol y no en los cambios de la luna. Su año estaba divido en 12 meses de 30 días (total 360 días), a los que se añadían 5 días que se consagraban a las ceremonias en honor de la reaparición de sirio. Pero al cabo de 730 años, había un desfase de 6 meses.
En el año 46, julio cesar estableció un calendario que tomo su nombre: el calendario juliano.

En este, los meses eran de 30 o 31 días, excepto el de febrero que sólo tenía 28. Y para corregir el retraso del calendario respecto a las estaciones, cada cuatro año el mes de febrero tenía un día más: 29 ( este año se llamaba bisiesto). De este calendario deriva el nuestro.

En realidad, el año del calendario juliano era 11 minutos y 14 segundos más largo que el año natural. Este pequeño desajuste hizo que en 1582 la diferencia fuera ya de 10 días. Por eso el papa Gregorio XIII mandó hacer una reforma de las fechas: los días 5 al 14 de octubre de 1582 no existieron.

Y para evitar que este problema volviera a surgir en el futuro decidió que había que suprimir 3 días cada 400 años (suprimiendo como tales 3 años bisiestos). Por el calendario surgido de esta reforma, el calendario gregoriano, nos regimos todavía.

De hecho, nuestro año aún es poco más largo que el natural, y por eso allá por el año 5,000 habrá que quitar un día más.

Poco a poco, el calendario gregoriano fue siendo adoptado por la mayoría de los países. Sin embargo, Inglaterra no lo adoptó hasta 1752 y Rusia hasta 1918.
En Francia dejaron de regirse por él en 1793, fecha en que entró en vigor el calendario republicano. Pero volvió adoptarse en 1806.

Huso horario

En tiempos pasados, cada ciudad tenía su propia hora; era mediodía cuando el sol estaba en el cenit (tiempo civil), pero al viajar de este a oeste, o viceversa, había que cambiar repetidamente la hora del reloj.

Se dividió, pues la tierra en 24 secciones limitadas por líneas trazadas desde el polo norte al polo  sur. Estas secciones se denominan husos horarios. Se tomó como meridiano de origen el que pasa por Greenwich (Inglaterra).

El tiempo civil de Greenwich se considera tiempo universal. Las tierras y mares que están dentro de un mismo huso tiene la misma horas(tiempo legal) cuando es mediodía  en Greenwich( huso 0), es la 1 en Berlín (huso 1), una hora más en Moscú (huso 2).

En cierta  época del año, algunos países utilizan un horario que no es el que corresponde a su huso. Es el horario de verano, que consiste en adelantar una hora al tiempo legal. La línea de cambio de día está situada hacia el meridiano de 180° que corresponde a un huso en el que hay pocas tierras habitadas. Y en función de las entidades políticas de esta tierra, dicha línea sufre  algunas variaciones.

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